El lado oscuro de la negociación

Nightcrawler. Humor negro. Una oruga nocturna con movimientos rápidos y sutiles, como si de un vampiro se tratase. Mis actos no se definen por seguir al movimiento popular; no soy una chica de “bestseller”, pero anoche, a pesar de haber recibido buenas críticas que me empujaban de manera inminente al visionado de la película, compré la entrada sin pensármelo dos veces.

No me imaginé que pasaría tanto tiempo intentando recordar las numerosas escenas que ejemplifican de manera tan extraordinaria el ascenso dentro de una organización, el poder de negociación, el Ego o cómo un sociópata ve y entiende el mundo.

Todos sabemos de manera “extraoficial” sobre la existencia de sociópatas que son altamente funcionales. Este es el caso de Lou, un personaje que canaliza su gozo por propagar el caos y lo encamina a contextos más rentables. Jake Gyllenhaal da vida a un soberbio misántropo que detesta cualquier contacto que no genere beneficios a cambio; alguien que no siente misericordia alguna por el dolor de quien a él se acerca.

Un líder no se nace, se hace

Lou nos demuestra que promocionarse laboralmente, como enfrentarse a la búsqueda de empleo por primera vez, es un esfuerzo que constituye trabajo. Podemos observar el drástico cambio si comparamos las primeras escenas con el transcurso de la película. Lou, que parece haber leído el mismísimo “The Seven Habits of Highly Effective People”,  intenta venderse para trabajar dentro de una empresa sin importar si el puesto es de becario y no remunerado. Un chico sin aparentes complicaciones, autodidacta y dotado de cierta elocuencia que, tras “haberse ganado” a la mano que le da de comer, metamorfoseará.

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(Ver primeros 25 segundos)

Metamorfosis que dotará al protagonista de una furia agresiva y negociadora sin dosis de paciencia ni moralismo. Lou adopta física y mentalmente un rol de superhombre sin escrúpulos. Un desempleado “abatido” que encuentra en un accidente de tráfico su gran oportunidad para transformarse en líder. Lou, quien ahora parece haber escrito “Las 48 leyes del poder” con su puño y letra, no nos dejará apartar la vista de la pantalla.

No hay sitio para el BATNA (Best Alternative To a Negotiated Agreement)

La negociación es por costumbre cosa de dos o más personas y además supone un tiempo aproximado en cada una de sus fases, pero Lou no entiende de tempos y mucho menos de estrategias “Win to Win”. A medida que avanzamos podemos comprobar cómo Lou, gracias a su trabajo, se hace indispensable para la empresa. He aquí la creación de un “Branding of Lou” en todo su esplendor.

Una escena que ejemplifica la relación monodireccional establecida entre la organización y el individuo es aquella en la que de manera intimidatoria, al más puro estilo “lo tomas o lo dejas” y sin ases bajo la manga , el protagonista, sumido en su monólogo, expresa qué quiere y cómo lo quiere sin ofertar alternativas a lo propuesto.

No obstante, nadie es perfecto y hay algo que Lou olvida. Y es que nunca hay que enseñarles a los demás lo suficiente como para que puedan arreglárselas sin tu ayuda. Un fallo que sólo podrá arreglarse derramando un poco más de sangre.

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